Desde mi privilegiada posición, podía admirar el escote de Carla, un suave valle flanqueado por dos gelatinosas colinas que se movían libremente debajo del vestido.
- ¡Que viva el flan Dhul!
- ¿Qué?
- Nada, cosas mías. Por cierto, tengo antojo de caramelo, me voy a pasar por la pastelería de la Carmen.
Atravesó la tranca, mientras tramaba cómo atravesar la trampa de trastocados trastos trasnochados, trazando intranquilo un trayecto transitable que lo transportase lejos de aquel travieso trance.
Conoce las reglas, lo contrario implica correr el riesgo de cumplirlas.
Quien esté libre de pulga, que se tire a la primera perra.